Esta mañana, de manera repentina, ha fallecido Leopoldo Calvo-Sotelo y Bustelo. Un político clave pero poco conocido, cuya sesión de investidura será recordada siempre por la fallido (y menos mal) golpe de Estado del 23 de febrero de 1981. Como han destacado los medios, se trata de la primera muerte de un ex presidente del Gobierno (de la Democracia reciente, se entiende). Pese a su corto mandato -de febrero de 1981 a noviembre de 1982-, éste fue importantísimo para dejar cerrados los últimos acuerdos de la Transición. La noticia en El País y en El Mundo.
La memoria de la Transición ha sido bastante injusta con este personaje, ya que únicamente parece que se recuerda por el día del golpe de Estado. El hecho de haber tenido el mandato más corto de la democracia, y ser el único presidente que no fue directamente elegido en las urnas -sucedió como vicepresidente a Adolfo Suárez tras su dimisión- se suman a este simple y reductor relato que no le hace justicia. Fue un político pragmático, de esos que eran tan necesarios para sacar a España de una funesta dictadura y consolidar la democracia, muy frágil por aquel entonces.
En Estados Unidos, la experiencia de los ex presidentes y sus muertes son parte de la cultura política de allí. En nuestro caso es la primera vez que ocurre. Tal vez debería hacernos pensar acerca de la corta vida que tiene aún nuestro sistema y de lo mucho que queda por hacer. Al margen de ideologías y posicionamientos personales, es necesario honrar a quienes representan el sistema de libertades que tenemos; un sistema cuestionable por muchos motivos, pero que no deja de ser estable y con garantías para los ciudadanos. Sirva este recordatorio para homenajear al segundo presidente de la democracia. Adios, don Leopoldo.
En Estados Unidos, la experiencia de los ex presidentes y sus muertes son parte de la cultura política de allí. En nuestro caso es la primera vez que ocurre. Tal vez debería hacernos pensar acerca de la corta vida que tiene aún nuestro sistema y de lo mucho que queda por hacer. Al margen de ideologías y posicionamientos personales, es necesario honrar a quienes representan el sistema de libertades que tenemos; un sistema cuestionable por muchos motivos, pero que no deja de ser estable y con garantías para los ciudadanos. Sirva este recordatorio para homenajear al segundo presidente de la democracia. Adios, don Leopoldo.






